Quien no vió Sevilla, no vió maravilla.

Nacido en el macareno Hospital de las Cinco Llagas, criado en el Barrio del Tiro de Línea y vecino del Cerro del Águila; fiel amante de Sevilla y sus tradiciones. "Cofrade" por vocación, "Feriante" por adicción, "Rociero" por devoción y "Bético" por convicción.

martes, 7 de abril de 2009

Anecdotario cofrade sevillano.

Madrugada del Viernes Santo. En la esquina de la Campana se adivina el palio de La Macarena por el resplandor que irradian los cien cirios de su candelería. Manolito Zamora, diputado mayor de gobierno en una popularísima cofradía sevillana, se acerca a los nazarenos que, con varas, acompañan al que porta el estandarte, y le dice a uno de ellos, descalzo para más señas:
-Hermano, vamos a dejarnos "ir" un poquito que aquí le canta el Pinto a la virgen una saeta maravillosa.
El nazareno le contesta: este año no le canta.
-¡Me lo va a decir Usted a mi, -argulle con énfasis Manolito- que se la escucho aquí todos los años.
Pues yo le aseguro a Usted que este año no le canta -vuelve a decirle el nazareno.
¿Tan seguro esta Usted? ¿Es que se lo ha dicho él?
-No, no me lo a dicho, pero estoy seguro que no le canta, porque el Pinto...soy yo.


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Un hermano de la Exaltación, tenía un grandísimo interés en pedir la venia durante la estación de penitencia, de su hermandad.
El encargado de ello, no encontraba ya argumentos para disuadirlo de tal idea, por el temor de que no cumpliese debidamente su cometido, pues no era, muy allá que digamos, en cuanto a facilidad de expresión.
Llegada la cofradia al palquillo de la Campana, el citado hermano volvió con la misma cantinela, y el mayordomo consiguió disuadirlo con el pretexto que lo haría en la Plaza de San Francisco o a la entrada de la Catedral, y allí fué donde ya no pudo quitárselo de su lado, pues antes que la Cruz de guía, ya estaba nuestro solicitante en la puerta de la Catedral.
Que sea lo que Dios quiera dijo el Mayordomo, y lo dejó:
Acercandose al Canónigo de la entrada, surgió el primer susto, consistiendo éste en que al inclinar la cabeza y elevarla nuevamente, para el debido saludo, casi le salta un ojo al Sr. Canónigo.
Un tanto nervioso, comenzo: "...la Hermandad de la Exaltación solicita la venia..."
como la voz no sonaba clara bajo el antifaz, pregunto el Canónigo, ¿Que hermandad dice Usted?
"...la Hermandad de la Exaltación pide la venia..."
Tampoco se enteró ahora el religioso que estaba un poquito "teniente" y nuevamente pidió aclaración.
Y nuestro hombre, creyendo que por el titulo que daba no la conocía, creyó que así se aclararía todo:
-¡QUE SI PUEDEN PASAR LOS CABALLOS!
Y el Canónigo, rápidamente exclamó:
-Los caballos por la Catedral no, que den la vuelta y esperen a la cofradia fuera.

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