Madrugada del Viernes Santo. En la esquina de la Campana se adivina el palio de La Macarena por el resplandor que irradian los cien cirios de su candelería. Manolito Zamora, diputado mayor de gobierno en una popularísima cofradía sevillana, se acerca a los nazarenos que, con varas, acompañan al que porta el estandarte, y le dice a uno de ellos, descalzo para más señas:
-Hermano, vamos a dejarnos "ir" un poquito que aquí le canta el Pinto a la virgen una saeta maravillosa.
El nazareno le contesta: este año no le canta.
-¡Me lo va a decir Usted a mi, -argulle con énfasis Manolito- que se la escucho aquí todos los años.
Pues yo le aseguro a Usted que este año no le canta -vuelve a decirle el nazareno.
¿Tan seguro esta Usted? ¿Es que se lo ha dicho él?
-No, no me lo a dicho, pero estoy seguro que no le canta, porque el Pinto...soy yo.
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Un hermano de la Exaltación, tenía un grandísimo interés en pedir la venia durante la estación de penitencia, de su hermandad.
El encargado de ello, no encontraba ya argumentos para disuadirlo de tal idea, por el temor de que no cumpliese debidamente su cometido, pues no era, muy allá que digamos, en cuanto a facilidad de expresión.
Llegada la cofradia al palquillo de la Campana, el citado hermano volvió con la misma cantinela, y el mayordomo consiguió disuadirlo con el pretexto que lo haría en la Plaza de San Francisco o a la entrada de la Catedral, y allí fué donde ya no pudo quitárselo de su lado, pues antes que la Cruz de guía, ya estaba nuestro solicitante en la puerta de la Catedral.
Que sea lo que Dios quiera dijo el Mayordomo, y lo dejó:
Acercandose al Canónigo de la entrada, surgió el primer susto, consistiendo éste en que al inclinar la cabeza y elevarla nuevamente, para el debido saludo, casi le salta un ojo al Sr. Canónigo.
Un tanto nervioso, comenzo: "...la Hermandad de la Exaltación solicita la venia..."
como la voz no sonaba clara bajo el antifaz, pregunto el Canónigo, ¿Que hermandad dice Usted?
"...la Hermandad de la Exaltación pide la venia..."
Tampoco se enteró ahora el religioso que estaba un poquito "teniente" y nuevamente pidió aclaración.
Y nuestro hombre, creyendo que por el titulo que daba no la conocía, creyó que así se aclararía todo:
-¡QUE SI PUEDEN PASAR LOS CABALLOS!
Y el Canónigo, rápidamente exclamó:
-Los caballos por la Catedral no, que den la vuelta y esperen a la cofradia fuera.
- PANAGARVILL
- Nacido en el macareno Hospital de las Cinco Llagas, criado en el Barrio del Tiro de Línea y vecino del Cerro del Águila; fiel amante de Sevilla y sus tradiciones. "Cofrade" por vocación, "Feriante" por adicción, "Rociero" por devoción y "Bético" por convicción.
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martes, 7 de abril de 2009
domingo, 22 de febrero de 2009
Anecdotario cofrade sevillano .
Enrique el barbero.
Allá por 1932; Enrique regentaba su peluqueria en la calle Amor de Dios, cercana a la Alameda de Hercules.
Corrían tiempos difíciles, en los que muchas creencias se "camuflaban", y en los que no eran precisos tres cantos del gallo, para negar a Cristo.
Enrique, catolico no muy practicante, estaba unido a la Iglesia por una Fé, basada en su amor por la Virgen de la Esperanza Macarena.
En su barbería, como por aquél entonces llamaban a estos establecimientos, presidía un monumental cuadro con fotografia de la Macarena.
En cierta ocasión, un cliente ocasional, se permitió "advertir" a Enrique: -Maestro; como no quite Vd. ese cuadro de ahí, cuarquier día le vamos a dar un disgusto-.
A lo que Enrique, inmediatamente y con ese gracejo sevillano exclamó:
-¿Quitar ese cuadro?.... ¡Antes cierro la barbería!.
Pasaron los años y donde estaba la antigua barbería, existe hoy en día un bar. Y varios amigos conocedores de este hecho, con el consentimiento del actual dueño, han colocado un cuadro de la Virgen de la Esperanza, en el mismo lugar que ocupaba el que recomendaron a Enrique que quitara, para no verse amenazado.
Algunos años antes de fallecer Enrique, en la madrugada de un Viernes Santo; la furia del temporal se había desatado sobre Sevilla y Enrique con su túnica puesta esperaba la menor clarita para dirigirse a San Gil.
Sentado en la mecedora, en el pequeño patio de su casa, desatados los nervios, decía a su hermana, mientras miraba el reloj: - la una y media;... ya podía ir la Virgen por el Pumarejo... dáme una copita de aguardiente "pa" los nervios.
La hermana, complaciente, le servía la copa, procurando consolarle. Al rato, nueva mirada al reloj: -¡Hermana, las tres y media!. Ya podía ir la Virgen por el Duque, echame otra copita a ver si mejoro-.
Y así sucesivamente, hora tras hora, Enrique repetía las que marcaba el reloj, coincidiendo con el lugar donde podría estar la Virgen.
Hasta que yá, en la amanecida, Enrique insistió... ¡Hermana , las seis y media! Ya podría ir la Virgen saliendo de la Catedral; echame otra copita, que parece que me estoy aliviando.
- Coño. Enriquito, exclamó su hermana ; a ver si metes pronto a la Virgen en su Iglesia, porque si nó... ¡vas a coger una "tajá" como un piano!.
jueves, 5 de febrero de 2009
Las siete maravillas de la Semana Santa.
Hace algunos meses, en la revista domicical "Más Pasión" (obviamente, de claro contenido semanasantero), se publicó una encuesta realizada a sus lectores, titulada "Las siete maravillas de la Semana Santa".Ni que decir tiene, que si cuantiosas fueron las maravillas que apuntaron los lectores; mayores e incontables son las maravillas, en el amplio sentido de la palabra, que existen en nuestra Semana Santa.
Os propongo que realicemos esa misma encuesta en este blog, con la idea de sacar en claro nuestros gustos esteticos, es decir, por donde nos movemos cada uno, a la hora de presenciar el cortejo de una cofradía, escuchar una marcha procesional, emocionarse con una saeta caracolera, o apreciar la elegancia con la que anda un palio por una recoleta plazuela, aunque creo que en ciertos aspectos esteticos cofrades, ya sabemos los gustos de más de uno y conocemos perfectamente lo que "tiran" algunos barrios y algunas Vírgenes sobretodo de "La Madrugá", (¿Verdad, Sr. Calvo?). por ello, precisamente, la ciudad de Sevilla es la tierra de María Santísima y en su escudo heraldico aparece con orgullo la palabra Mariana, además de muy noble, muy leal e invicta.
Para los cofrades sevillanos, es un gran compromiso, tener que elegir sólo siete retazos de sentimiento y arte, de entre tantos que se pueden vivir a lo largo de nuestra Semana Santa. Haré un esfuerzo (sarna con gusto no pica) y daré un repaso de mis vivencias cuaresmales, con cierto aire nostálgico por la cercanía del encuentro.
Empezaré sin más dilación con mis siete maravillas:
1ª MARAVILLA.
Si hay una cosa en la Semana Santa, con la que me maravillo y a la vez me sorprendo cada año, no es ni más ni menos, que con la formación de los negros tramos de nazarenos de mi Hermandad de “El Silencio” en la noche oscura del atrio de San Antonio Abad, la verdad es que es algo que los cofrades deberían conocer, y que sólo unos pocos tenemos la suerte de vivir. En pocas palabras “IMPRESIONANTE”.2ª MARAVILLA.
Ver la madrugada del Viernes Santo, como llega a Sevilla, La Señora de Triana, "La Morena" de la calle Pureza, como si de una mocita presumida y coqueta se tratara, “trianeando” por calle O'Donnell a los sones de “Esperanza de Triana Coronada” de D. Abel Moreno y ante la hermosísima lluvia de pétalos que caen en su paso, cual marejada en alta mar, entre el fervor y el amor que le ofrece Sevilla entera. En pocas palabras “ENCUENTRO SUBLIME”.Sentir la presencia de la Virgen de la Esperanza, la niña de San Gil, por calle Cuna, se escuchan siseos; ya esta aquí , casi la podemos ver ; los respiraderos del palio se deslizan a dos dedos de mi pecho en la estrechez de la calle y en esos momentos mágicos, miro al cielo cuando esta rayando el día y le doy gracias a Dios por haber nació sevillano y cofrade. En pocas palabras “MILAGROSO”.
Admirar desde la recoleta Plaza de San Leandro, vulgo “Pila del Pato”, la llegada por calle Alhóndiga, del portentoso misterio de la Redención en todo su esplendor, entre naranjos de costero a costero a sones de "Alma de Dios" y tras su extraordinaria chicotá por la plazuela, perderse buscando la calle Cardenal Cervantes en la noche sublime del Lunes Santo. En pocas palabras “APASIONANTE”.
5ª MARAVILLA.
La mañana del Domingo de Ramos, por si sóla, es ya una maravilla de por sí, todo esta preparado para los días grandes, la espera ha concluido y los pasos ya están montados en los templos, la rampa del Salvador esta puesta, las fachadas estan “encalás”, las túnicas "almidoná" y planchadas, los puestos de turrones montados en la Pasarela, la flor de azahar en los naranjos, las sillas en La Campana y en la Avenida, las tapas de bacalao en las cocinas de los bares, y los estrenos esperando encima de la cama a que llegue la hora señalada. En pocas palabras “EXPLOSIÓN DE COLOR”6ª MARAVILLA.
Si hay en la Semana Santa una maravilla, a la que considero, la más sevillana de entre todas las maravillas, esta sería sin duda la revirá de una Virgen bajo Palio, a la caída de la tarde, en una calleja sevillana cualquiera, flanqueada por naranjos en flor, bajo la fragancia de una nube de incienso, sonando "Soleá dame la mano" y acompasando esta bendita estampa, con el sonido de unas bambalinas golpeando contra unos varales cincelados de plata de ley. En pocas palabras “LA GLORIA EN SEVILLA”7ª MARAVILLA.
La muestra de gratitud y amor que tienen sobretodo las personas mayores hacia los Cristos y Vírgenes de su barrio, es enternecedor llegar al Tiro de Línea un Lunes Santo al mediodía y ver como se emocionan la gente, viendo a su Virgen, recordando las vivencias, rememorando su niñez y quizás no poder contar ese año con su madre o su padre fallecidos recientemente y que vieron con ellos la cofradía, durante toda su vida. Es emoción lo que sienten las viejas del Cerro del Águila, cuando ven aparecer a su Virgen por Afán de Ribera, sí, a esa que cariñosamente le llaman “La Loli” y a la que le han rezado durante todo el año, o lo que sienten los vecinos de Pino Montano, de Amate, del Polígono o del Parque Alcosa cuando por arte de magia, se reúnen el Miércoles Santo y vuelven a su barrio torero de San Bernardo para ver un año más el esplendor de una cofradía, evocando aquellos viejos tiempos de vecindad que se fueron y que ya no volverán. En pocas palabras “CONMOVEDOR”.Un saludo a todos.
Panagarvill.
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