"Esto era La Campana en el XVI" comenta D. Carlos de Rueda Ordóñez propietario junto con su hermano Javier, de este extraordinario establecimiento que es posiblemente el más antiguo de su ramo en Sevilla, puesto que los "primeros papeles" datan de 1670 y sabemos que fue un Convento que pasaría a manos privadas con la Desamortización, convirtiéndose posteriormente en mesón. En 1860 pasa a ser regentado por una familia montañesa, ya hoy con siete generaciones entre nosotros. Un eslabón más de la sólida e historica tradición de los naturales de esa región en Sevilla. Es por esa fecha cuando se le añade la "tienda" (antiguamente fué ultramarinos y restaurante) y desde entonces todo permanece igual por así decir, aunque lógicamente haya habido reformas poco visibles, respetando el espíritu original, como cuando por el 90-91 al hacer un sótano se topáron con tres suelos distintos, decidiendo a la postre recolocar el original de ésplendida losa de Tarifa que todos conocemos. Y ese "todos" es casi literal, puesto que el nombre de este local es conocido en todo el país y ha traspasado nuestras fronteras, apareciendo, por ejemplo, en televisiones extranjeras con motivos diversos (y curioso, como en una cadena alemana que quiso "revivir" el cuadro de "los huevos fritos" de Velazquez). Amén de innumerables y frecuentes reportajes, articulos, escenas de peliculas -como la famosa "Sangre y arena" y celebrados anuncios con artistas conocidos. Todo ello avalado por el potente atractivo del local original, su estetica, con su espléndida ceramica, madera y filigrana, los curiosos y añosos rótulos y una clientela "a gusto" con el local y su ubicación, pero también con su decidida politica de respeto al cliente, que pasa por un control constante de los precios, excelente servicio y materias primas de calidad y elaboración esmerada en el tapeo más clásico y conocido) como sus espinacas con garbanzos, los pavías de bacalao, el salchichón de Riera o la tortilla de jamón) y en la cocina natural y tradicional que se presenta en el restaurante de la primera planta.

Con todo y la presencia habitual de numerosos forasteros, este establecimiento tiene a gala "conservarle el sitio al sevillano", aunque aquí la palabra "guiri" esté prohibida por implicar desdén a un cliente al que en modo alguno se pospone, sino que se le acoge de modo equilibrado, normal y sin oportunismos. Hay que pensar además que El Rinconcillo está fuera de los circuitos habituales de la Sevilla monumental, lo cual añade más valía a la presencia foránea.
