Quien no vió Sevilla, no vió maravilla.

Nacido en el macareno Hospital de las Cinco Llagas, criado en el Barrio del Tiro de Línea y vecino del Cerro del Águila; fiel amante de Sevilla y sus tradiciones. "Cofrade" por vocación, "Feriante" por adicción, "Rociero" por devoción y "Bético" por convicción.
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miércoles, 16 de febrero de 2011

Cuatro esquinas tiene mi calle.

Cuando se apagan las luces de la Maestranza y, con suerte algún diestro sale por la puerta grande, se abre el turno de las tertulias toreras por los alrededores de la plaza. Ruta por el mejor tapeo de Sevilla, por su Barrio torero del Arenal, hoy os traigo una de ellas a la que denomino "Ruta de las cuatro esquinas", cuyos locales podemos recorrer con sólo pasear unos 25 m. por las entrañas de este barrio, todo un lujo para disfrutar más y mejor de las exquisiteces que nos regala Sevilla a través de sus viandas.
Para comenzar visitamos La flor del Toranzo o Casa Trifón, como querais llamarle, emblematico local, antiguo ultramarinos, que nos ofrece buenísimas tapas mezclando el sello de los productos cántabros y el clasicismo taperil sevillano, las anchoas de Santoña son espectaculares y el montadito de Lomo en manteca una divinidad, además si llevas "una buena cartera" poseen toda la gama de Vega-Sicilia del mercado. 
LA FLOR DE TORANZO (CASA TRIFON)
Jimios, 1.
Cruzamos la acera y nos encontramos con Restaurante Enrique Becerra, todo un lujo para la gastronomía sevillana, tienen una barra donde tapear. Las tapas de Becerra tienen fama por lo buenas que están. Hay que probar las croquetas de pringa, la tosta de gula con ali-oli y el montadito de morcilla con huevo de codorniz, una exquisitez.
BAR RESTAURANTE ENRIQUE BECERRA
Gamazo, 2
Si cambiamos de acera unos 10 m. abajo encontraremos Casa Moreno, es una tienda de ultramarinos con una trastienda habilitada como antigua taberna, es concretamente esa parte del local la que conserva toda su gracia y esencia, tiene altas estanterías hasta el techo atiborras de latas de conservas y auténticas delicatesen de importación. Tiene tapas muy ricas a base de chacinas y conservas. Exquisitas las morcillas de Montellano, el Paté de Hígado embuchado o el Lomo en manteca.
CASA MORENO
Gamazo, 7
Y para terminar esta ruta, volvemos a cambiar de acera y nos encontramos de frente con la Bodega de Paco Gongora, ideal para los amantes del vino, este sitio es perfecto, ya que ofrece tanto una manzanilla de Sanlucar de la mejor que he probado nunca, como una gran variedad de tapas a precios asequibles. Un lugar excelente para el tapeo con amigos o bien para degustar los pescados de la costa que suelen poner, una de las especialidades de la casa son las setas a la plancha y las Ortiguillas de Sanlucar que recomiendo probar a todo aquel que visite esta bodega con una buena manzanilla.
  BODEGA PACO GONGORA
Padre Marchena, 1

Buen provecho.

viernes, 13 de febrero de 2009

La Liturgia de la Tapa.



MONTAÑESES EN SEVILLA :
La verdadera historia de Trifón.
"Hoy en día tengo sesenta y dos años. Cincuenta trabajando detrás del mostrador, trece años de dependiente y treinta y siete años como industrial; hoy vivo feliz, tengo mujer, hijos y nietos, y si Dios quiere pienso retirarme el año que viene, y entonces le entregaré a mi hijo Rogelio Gómez Gómez el negocio, y nada más que le diré que trabaje con la misma fe que yo lo he hecho, y que tenga el mismo prestigio profesional"...
Estas palabras pertenecen a un excepcional documento para la historia de los montañeses en el comercio sevillano: la breve "Autobiografía" que el popular "Trifón", de "La Flor de Toranzo", acaba de publicar (escrita por su mujer, Isabel Gómez López) en la revista "Capela", que alienta Bernardo Víctor Carande como "Boletín de Información Personal de un hombre que vive en el campo". No recordamos un documento tan curioso sobre este interesantísimo y crucial aspecto de la historia del comercio sevillano, como es la presencia de los inmigrantes procedentes de la Montaña, de los que "Trifón" (ya sevillano, y bético por más señas, como Plácido el de Las Teresas, otro buen montañés) es un señero ejemplo.

El texto autobiográfico de nuestro personaje tiene, como tantas cosas de la ciudad, carácter de bodas de oro. Porque también Trifón llegó a Sevilla en 1929, el año de la Exposición. "Tenía entonces -nos dice- doce años de edad; vine colocado a la tienda "El Reloj", entonces propiedad de don Fernando Ortiz Pérez (q.e.p.d.); desde entonces empecé como dependiente".


La tienda del Reloj, en la Puerta del Arenal, donde empezó Trifón.


Trifón en realidad no se llama así, sino Triunfo Venancio Gómez Ortiz, nacido el 1 de abril de 1917 "en el Valle de Toranzo", en un pueblecito que se llama San Martín de Toranzo (Santander)". Pero esta historia de "Trifón" tiene un curioso origen, que este querido montañés narra con singular gracia: "Al incorporarme (al cuartel) para ir al frente me tocó un sargento que por lo visto sabía de santos más que yo, y al preguntarme: ¿Su nombre? Le respondí: Triunfo Gómez Ortiz. Se me quedó mirando con cara de pocos amigos y me dijo: ¿Qué nombre es ese? Eso ni es nombre ni es ná. Y repetía "Triunfo, Triunfo...Será Trifón". Y desde entonces este buen señor me bautizó de nuevo: Trifón Gómez Ortiz, y con este nombre soy conocido comercialmente".
Pero habíamos dejado a Trifón de dependiente en "El Reloj", en la Sevilla de la Exposición. Allí estuvo seis años, trabajando como entonces lo hacían los internos de los comercios, según se ve en sus palabras: "Algunos iban de vacaciones a ver a sus padres; yo no fui a verlos, pues cuando iba a ir, estalló nuestra guerra civil y adonde fuí fue a la guerra, con dieciocho años. Así es que seis años sin ver a nadie de mi familia y sin esperanzas de verlos. Yo, en zona nacional; Santander en zona roja, como se decía entonces".
Después ya viene la historia del bautizo como "Trifón", la guerra, una herida casi al finalizar la contienda, en el frente de Monterrubio (Badajoz). Convaleciente, Trifón ve por fin a sus padres, y hay una gran tragedia humana en sus palabras: "No conocía a mis hermanos, y de mis padres tenía una imagen distinta a la que encontré. Habían envejecido, bien es verdad que yo salí un niño y volvía un hombre de veintidos años".
Se recupera después Trifón, es licenciado, y decide volver a Sevilla, a "El Reloj" de la Puerta del Arenal, hasta que en 1942 se establece con un paisano en la calle San Luis, "y de común acuerdo decidimos titular nuestro negocio con el nombre de nuestro valle, La Flor de Toranzo". A los tres años, en 1945, ambos socios se separan, y Trifón sigue solo con la tienda de la Macarena. Hasta que, en 1952, lo traspasa y logra su deseo de volver al centro, y se establece en su actual sitio de Jimios esquina a Barcelona y Joaquín Guichot, donde en 1966 labró una casa de nueva planta, en cuyos bajos tiene el negocio y en cuyos altos vive la familia. "Y esta es mi historia -concluye Trifón en "Capela"-, la historia de un montañés que también cumple cincuenta años detrás del mostrador".

Y de qué forma, podríamos añadir, día y noche, siempre al pie del cañón, en el especial sentido del trabajo y del tesón que han tenido estos ilustres montañeses, gloria del comercio sevillano.


Trifón Gómez, cortando jamón en su tienda de La Flor de Toranzo.